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Ho perso la bellezza della Città Eterna (Phoebe Hilton, Ian Windsor, Kimberly Kennedy)

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Ho perso la bellezza della Città Eterna (Phoebe Hilton, Ian Windsor, Kimberly Kennedy)

Mensaje por Dorian Ferri el Mar Jun 04, 2013 3:52 pm

Otoño | 12:30 PM | Aeropuerto de Los Ángeles | Privado con Phoebe Hilton, Ian Windsor y Kimberly Kennedy

Terminé mi café con un último sorbo dirigiendo mi vista hacía la ventana. La tasa permaneció tan vacía casi al punto de ver los pequeños grumos decolorantes del fondo, pero el aroma era bueno, único, y el sabor suave del recién terminado espresso era una de las razones por las que prefería tomar el Segafredo Zanetti, no por tratarse de una nueva adquisición de la familia Mariani en compañía con Massimo Beverage Group, sino porque era italiano y para mi significaba un próximo mercado a desarrollar. Así estuviera adquiriendo, negociando o comprando, el crecimiento de las acciones se reflejaban todos en las ganancias, los viajes, los autos deportivos, las cuentas bancarias y las incontables propiedades de bienes raíces bajo el nombre de Dorian ferri.

Mi sonrisa se remarcó. A mi espalda podía escuchar el como eran dobladas cada una de mis camisas y los suspiros interminables de Isabella mientras se ocupaba ella misma de completar mis maletas. La cariñosa y preocupada ama de llaves de la familia estaba haciendo otra de sus rabietas porque nuevamente la dejaría sola. Me acerqué hasta ella abrazándola por detrás y ella me respondió con la misma sonrisa de siempre, solo que más nostálgica y emocionada al enterarse que mi viaje era por un breve descanso más que por trabajar. Debía de serlo porque en pleno otoño el campamento estaba cerrado. Yo había regresado a uno de mis departamentos en Los Ángeles y ahora planeaba viajar a Roma para tomar un largo descanso.

―Dorian ¿Visitarás Venecia durante el viaje?.―
―No estoy seguro. Quiero quedarme en Roma al menos por una semana.―
―Oh, pero seguro que tu puedes. Tu abuelo se debe sentir tan solo sin recibir ninguna visita tuya. Sabes que tu abuelo te amaba mucho, para el, tu eras su mayor orgullo. El te dejó todo y estaría tan feliz que lo visitaras en San Marco.―
―Lo sé Isabella, por eso te llevaré conmigo la próxima vez.―
Subí mis maletas al automóvil y me despedí de ella a pesar de aceptar sus condiciones con mucha tranquilidad. Nada de trabajo, nada de peleas, y tan pronto me despoje de mis cosas en el maletero me puse de camino hacia el aeropuerto. Dejaría el automóvil para que lo recogieran y llegaría a buena hora para recibir los boletos.
Temprano por la mañana me aseguré de llamarle a Ian y a Phoebe, para recordarles la hora y el vuelo que tomaríamos juntos hasta llegar a Alemania. Roma sería nuestro segundo destino y ya que todos estaban al tanto de la vida de mi mejor amiga, no me sorprendería que terminaran por recibirnos gran cantidad de fotógrafos, periodistas y alguno que otro imbécil de los que finalmente me libro por ignorar.
Hacía una semana que había leído aquella noticia en el periódico que no dejaba un mejor sabor de la situación, porque reprobaba enterarme de aquella forma y parecía que tener la primera plana no era ni suficiente.
Estaba claro que yo siempre era el último en enterarme "Phoebe Hilton, y el nuevo príncipe", pero no imaginaba que terminaría por sorprenderme con el repentino rumor de su nuevo amante.

Lo normal sería considerarlo, pero mis pensamientos no podían centrarse en una peor solución y en un repentino enamoramiento por parte de ella, en realidad estaba más preocupado por las consecuencias de todo esto ¿Donde quedaba Phoebe en aquél cuadro de infame, de adúltera y desconsiderada mujer? Si lo había escondido de todos, incluyéndome, lo que menos estaba esperando sería una explicación, pero ella no era una adolescente y ante el último regaño que Alessandro me dedicara, porque era demasiado humillante para acordarme, decidí dejarla hasta que llegara el momento de hacer el viaje, y tan solo faltaba cuarto de hora para abordar el avión.
Recogí los cuatro boletos en ventanilla y me coloqué unos lentes en el pasillo cercano al primer anexo. No sentía un infinito cariño por las personas que en algún momento les gustaba hacerme esperar, aparte de maldecirles y evitar el trato continuo, pero con Phoebe agradecería al menos que no nos hiciera perder el vuelo.

Aproveché para saldar mis deudas con Ian con este viaje y cuando este supo que Kimberly viajaría no le quedó de otra más que aceptar con dos manos la invitación. Yo también, hubiera permanecido incómodo si solo se tratara de un viaje a solas con Pía, me ponía demasiado pesado de recordarlo. Un anuncio me sacó de mis pensamientos y me recargué en el respaldo dando una mirada a los boletos mientras leía ―Vuelo KL3401.―

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Re: Ho perso la bellezza della Città Eterna (Phoebe Hilton, Ian Windsor, Kimberly Kennedy)

Mensaje por Ian Windsor el Miér Jun 05, 2013 3:30 am

Me encontraba sentado en un sillón tieso, mientras mi pierna no cesaba de moverse, dando a conocer mi clara ansiedad. Chequé la hora una vez más, y es que yo parecía tener cierta obsesión con mi reloj, no sabía si las manecillas me gustaban mucho, o peor, era en exceso impaciente, o si no era ninguna de las anteriores, Kimberly tardaba demasiado. Ya debían haber pasado dos horas desde que la mucama me había recibido, y la cachetes no se dignaba a bajar, me preguntaba cómo es que las chicas demoraban tanto, y comenzaba a preocuparme, no quería que perdiéramos el vuelo que nos llevaría a Alemania, tampoco quería hacer esperar a Dorian, que sabía que era igual de delicado que yo en lo que respectaba a los horarios.

Así, sin pensarlo –pues después terminaría arrepintiéndome-, decidí subir al segundo piso, en donde se suponía que Kimberly se preparaba. Ah sí, pero olvidaba que yo era niño y ella niña, y eso de subir a cuartos ajenos no era bien visto, y sí, la mucama se interpuso en mi camino. —Joven, por favor, sea paciente y espere en la sala— Repetía mientras me obstruía el paso. No podía dejar pasar más tiempo, pero tampoco me atrevía a discutir con alguien mayor. He ahí cuando comenzaba a odiar las reglas de formalidad, el pudor y el respeto.
Kimberly era impresionante, con ella todo se me complicaba, al punto de tener que esperar a que la señora se distrajera, para poder subir sin problemas, tan sólo esperaba que después no viniera a bajarme a punto de sartenazos.
Comencé a buscar el sitio exacto en donde Kimberly estaría, y no fue difícil pues tan pronto como recorrí el pasillo, una puerta se abrió.
—¡Hey Kimb…—Y me callé, nunca antes había cerrado la boca tan pronto(? Pero es que, debía ser una broma, toparme con una Kimberly remojada, con los ojos llenos de jabón y con sólo una toalla encima, simplemente no lo esperaba. Ahora entendía la razón por la que debí haber obedecido a la amable señora obstáculo.
Y así, campante y sin alteraciones, como si no supiera nada, Kim avanzó, tal cual una invidente. Ya no sabía si debía regalarle un lazarillo.
¿Pero qué? Ante las palmadas que la Kennedy me daba, mi expresión había cambiado repentinamente, porque sin la posibilidad de verlo venir, encontraba la causa de mi reacción, me sentía manoseado, toqueteado; y aun así, continuó su camino hasta que mi propio cuerpo la detuvo, no obstante, había decidido tomar impulso con la obvia intención de quitarme, chocando conmigo, hasta derrumbarme. La abracé…para evitar que se lastimara, claro.
No dejes pasar ninguna oportunidad Ian(?)
Después de aquello no supe qué decir, qué hacer, sólo estaba ahí, inmóvil, con una cachetona ciega y mojada sobre mí. Hasta que sentí su cara frotándose en mi ropa, se asemejaba a un gato roñoso y garrapatudo. La observé, su expresión se parecía un poco a la mía.
Al levantarse, me sentí ya más ligero, con unos kilitos menos. Alcé mi vista y…SANTA MADRE DE DIOS, no podía despegar mi vista de Kimberly, tenía cara de estúpido y es que estaba frente a mí tal y como llegó al mundo. Era embarazoso, pues, quién iba a pensar que me quedaría con su toalla. No Ian, te confundirán con pervertido sucio y asqueroso, y la señora mucama te echará lumbre e insecticida.
—Es tarde, te esperaré abajo, no demores— Y decidí huir de ahí, estaba un poco avergonzado, dejaría a la Kennedy por la paz e intentaría olvidarme del momento.
Así, di gracias a Dios cuando la cachetes quedó lista y sin tardar más y a pasos largos, me dirigí a donde el auto se encontraba, abrí la puerta para que Kimberly subiera, para luego acomodar su equipaje en el maletero del automóvil.
Seguí las instrucciones del GPS, con el objetivo de llegar al aeropuerto lo más rápido que me fuera posible. Pisé el acelerador e intenté esquivar a los coches, y no faltó el idiota que se atravesara, pero al ver por el espejo lateral, logré percatarme del rostro empalidecido de mi acompañante. Moví el volante de tal forma que las llantas rechinaron al tener agresivo contacto con el pavimento, pero pude detener el carro, sin el miedo de estorbar.
—Por favor Kimberly, no puedo verte así. Mientras estés conmigo todo saldrá bien— Dije en forma de promesa y tomé su mano, no esperaba que me respondiera, tan sólo que intentara tranquilizarse un poco. Al final, faltaba un trayecto totalmente corto para que el agobio de manejar se terminara.

Me estacioné cerca de la puerta del aeropuerto, y en una telefoneada rápida, le indiqué a Frank el sitio exacto en donde se hallaba el coche, para que luego viniera a recogerlo.
Bajé y me dirigí a abrir la puerta de Kimberly, luego, pasé a vaciar la cajuela y ya el personal nos auxiliaría con nuestro equipaje.
—Kim, debemos irnos…— Al no recibir ninguna señal de vida de la cachetes, sabía que sus nervios seguían consumiéndola.
—Kim, te dije que debemos irnos— Y la tomé del brazo esperando que me siguiera, pero no. —Por favor, perderemos el avión— E intenté jalarla fuera del auto, pero no sin antes llevarme una arañada —KIMBERLY— La nombré con dificultad, pues como quiera que fuese, era una chica fuerte. La tomé de un pie y tampoco había funcionado, me había metido una de esas patadas que te sofocan. Después, traté de sostenerla rodeando mi cuello con su brazo, pero decidió cuasi ahogarme, además de golpearme la cabeza con el techo del auto.
—HIJA DE TU RETISNADA— Y ya con la desesperación, mi fuerza de superhéroe superdotado brotó, logrando cargarla tal cual un costal de papas. No me interesaba cómo llegaríamos, sólo sabía que Kim se subiría a ese avión, no me importaba si tenía que cargarla todo el viaje. No entendía cómo es que el sólo hecho de que Kimberly vendría había terminado de convencerme de acompañar a Dorian y a Phoebe, supongo que no creí lo complicado que todo se volvería.
Sin dejarla bajar, ignorando sus pataleos y sus puñetazos en mi espalda, me encargué de buscar a Dorian.
—Kimmy, ten, mejor muerde un dulce— Y le regalé varios chicles de bolita que había hallado en mi bolsillo, estaban duros, quizás hasta caducados, pero la mantendrían ocupada, y a mí, libre de mordidas y golpes.
Sólo necesitaba visualizar a un gigante, intelectual y eso bastaría.

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Re: Ho perso la bellezza della Città Eterna (Phoebe Hilton, Ian Windsor, Kimberly Kennedy)

Mensaje por Kimberly Kennedy el Miér Jun 05, 2013 3:46 am

Me hice un pequeño ovillo en la cama. Lentamente me fui engarruñando a la almohada que en momentos previos abrazaba. Observé el reloj, y después la maleta de un suave color rosa pastel que se encontraba en el umbral de la puerta. Entrecerré los ojos con delicia, como si fuese el último instante en el que podría permitirme descuidarme. Sabía de sobra que si no apuraba en arreglarme ya, era más que seguro que al menos yo, perdería el vuelo. Y a decir verdad, muy dentro de mí, reconocía que era lo que más quería, de cada una y de todas las posibles situaciones a suceder. ¿En qué momento había aceptado? ¿En el momento de la carita de cachorro de Phoebe? …¿O había sido cuando Ian me había hablado a mitad de la madrugada? Fruncí el ceño. Ni siquiera podía enfocar recuerdos de manera coherente. De cualquier forma, ya estaba más que enredada en el asunto, y sin una sola escapatoria factible. Si tan solo pudiese evitar subir a ese avión…que más bien consistía en el factor protagonista de mis peores pesadillas. Muchos años me había orillado en sencillamente eludir las ventajas de viajar, de conocer lugares lejanos por los mismos motivos. Ahora no podía ser diferente. Estaba segura que podría regresar a contarle a Giovanni de todo lo que había observado en el país que a él le había acunado… y que él estaría más que feliz de escucharme.

Sin embargo, ¿quién podía realmente asegurarme que regresaría? Formé una sonrisa amarga. Supongo que todo aquello debía partir de un riesgo que misma debía tomar. Me subió repentinamente a la garganta una sensación de vahído.

…Tal vez era por el efecto del somnífero que había tomado hace unas horas, pero esa mañana había despertado aletargada, atormentada por un sordo dolor de cabeza y sintiéndome desgraciada. El día anterior había comido y cenado en el dormitorio, pues el peso de mi situación se me hacía más y más opresivo. Quizá tenía más pánico del que había sugerido en primera instancia. Tragué pesado, estaba siendo una cobarde.
Me puse de espaldas y contemplé la compleja representación de un sol en tela plisada bajo el dosel: un bollo dorado del que salían rayos. Después sólo me coloqué de pies y avancé hacia el baño, donde me deshice de mis prendas y me metí bajo la regadera, recibiendo de lleno el agua y permaneciendo largos minutos así –veinticinco o más…perdí la cuenta de repente-. Ya no sabía si de verdad por aquel día me había obsesionado excepcionalmente por mi higiene o estaba haciéndome la loca para no bajar. Súbitamente el flujo de agua cesó.

Mordí mi labio inferior, sin poder abrir los ojos debido al champú que bajaba por mi entrecejo y rondaba por aquella zona. Sabía que nada más abrir los ojos, quemaría. A ciegas, salí del cubículo y alcancé una toalla, que enredé a mi silueta desnuda y continué avanzando, en busca de ayuda. Apoyándome en el sostén de la pared logré llegar hasta la puerta, donde giré la perilla dispuesta a salir. Intenté extender la mano tras hacerlo, como pretendiendo protegerme de algún peligro que me acechara más allá.

Arrugué el ceño, palpando con una sola mano algo , mientras que con la otra me aseguraba que la toalla se mantuviese en su lugar. No recordaba una pared ahí… y menos con aquella superficie tan peculiar, ¿quién había puesto una pared con ropa? Que antinatural…
Estaba segura que ahí estaba mi salida, después de todo había abierto la puerta, ¿no? Y conocía como a la palma de mi mano aquel sitio. Tal vez era un objeto movible bastante grande del cual no podría deshacerme sino haciendo fuerza. Retrocedí unos pasos hasta avanzar con más impulso e intentar removerlo. Pero en lugar de que esa cosa se moviera, sentí que fui yo la que me iba hacia la cosa, o mejor dicho…nos íbamos las dos, ya no estaba segura de la sensación pues estar a oscuras nublaba uno de mis sentidos, dejándome una dudosa inseguridad sobre mi entorno.

Repentinamente sentí un abrazo y entré en pánico, ¿la cosa estaba tratando de asfixiarme?Aprovechando la cercanía no hice más que restregarme el rostro en la tela misteriosa, logrando recobrar mi visión…y de paso…encontrándome con Ian debajo de mí, observándome perplejo. ¿Así que a eso le llamaban “Me lleva la reputísima madre”? Ahora entendía la literalidad de los bárbaros.
Le devolví la vista horrorizada. Mis primeros instintos me gritaron que me alejara, y obedeciéndoles me levanté con violencia, rompiendo con el abrazo del Windsor. De pie, me sentí más segura y feliz.

…Hasta que sentí el airecito de la “Virgen de Guadalupe” corriéndome. Bajé la vista con espanto, encontrándome con que accidentalmente Ian se había quedado con mi toalla entre las manos. Ambos nos observamos con pasmo, hasta que…

-¡MAAAAAAAAAAAAAAAMÁÁÁÁÁÁÁ!- .Por un momento olvidé que no tenía de eso.
Tal vez no debía de haber removido tan fuerte. Estaba a punto de recordar como se decía “mierda” en griego. Probablemente era mejor no hacerlo.

___

Me cambié con suma lentitud y cuando di por finalizada la tarea, avancé hasta tomar la maleta y arrastrarla con expresión de derrota. Era hora. Esta vez Ian sí estaría esperándome abajo, estaba rezando a que se hubiese sacado los ojos en el proceso. No pensaba en dirigirle la palabra en todo el camino, no era ni capaz de voltear a mirarlo….y si lo hacía probablemente me volvería bizca.
Sentí como sin soltar un solo diálogo, tomaba mi maleta, cargándole. Caminé detrás de él, hasta que depositó el equipaje y me abrió la puerta del copiloto, donde accedí a sentarme. El transcurso fue más corto de lo que imaginé –o me pareció, porque estaba tan asustada que cuando menos caí en la cuenta, me aferraba al asiento como un gato estreñido-, y silencioso además.
Estaba casi segura que Ian manejaba por el sentido incorrecto y…pucha, casi nos llevamos a una viejita. A este paso ya debían de habernos culpado por intento de homicidio y juzgado por haber violado como unas 13 normas de conducción y otras 24 leyes federales.
De pronto dio una extraña vuelta que nos dejó varados. Al momento de hacerlo mi cabeza dio contra el vidrio, pero por comodidad intenté ignorar el crujido que había provocado. El Windsor comenzó a hablarme, pero yo ya estaba ausente de este mundo. Y… quizá si fingía escucharlo finalmente se callaría.
"Por Jamón Kimberly, no puedo comerte así. Mientras estés conmigo al vecino se le cocinará el pavo bien"

-A-ah…pues, estaré contigo…- Por el bien del cocimiento del pavo, claro. Ojalá el vecino comiera rico. No mencioné algo más, y el resto del trayecto fue más tranquilo.

Rato más tarde, escuché como volvía a dirigirse hacia mí. Sabía que era hora de bajar pero…mis piernas estaban hechas fideos, sabía que no podría permanecer de pie sin que éstas flaquearan y me abandonaran sin voluntad. Mi trasero parecía estar pegado al asiento. Sentí el agarre de Ian ser insistente y sentí el impulso de arañarlo. Era hora de recordar cómo se decía “Mierda” en las lenguas hebreas. -¡¿QUÉ QUIERES PEDAZO DE ANIMAL, NO VES QUE ESTOY ESCUCHÁNDOTE NENITA DE MAMÁ…TUS GRITOS ME REVIENTAN EL TÍMPANO Y TE JURO QUE ME VOY A VOLVER LOCA POR LA VOLUNTAD DE ZEUS Y TODOS LOS MALDITOS DIOSES OLÍMPICOS, RETRÁCTATE ANTES DE QUE TOME TU CULITO Y…?!-Paré de pronto. ¿Desde cuándo tenía esa voz del inframundo y…por qué la había utilizado en…? ¿Yo había dicho todo eso? Antes de que pudiera disculparme, sentí mi pierna ser sujetada. Por simple instinto lo pateé. No sabía lo que hacía, pero estaba segura que todo era con fin de que me dejase en paz. En otra ocasión acerté a sujetar su cabeza entre mi brazo, ]-AHORA SÍ, VAMOS A VER SI LA PRINCESITA SE RETUERCE SIN CABEZA COMO LAS CUCARACHAS.

Al final, terminó con mi peso sobre sí mismo, mis piernas colgaban en frente de él, mientras que el Windsor las sujetaba. Yo sólo podía dejar caer mis brazos en la extensión de su espalda, fastidiada –y cuando las fuerzas acudían a mí, golpearlo-. Parecía que se había colgado encima algo, y no que me estuviese cargando. Quería que esto terminara pronto.

Y que por el amor de Dios que me exorcizaran en Roma. Aunque…wiii, Ian me había entregado unas bolitas dulces de colores tan duras como una roca para comer.
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Re: Ho perso la bellezza della Città Eterna (Phoebe Hilton, Ian Windsor, Kimberly Kennedy)

Mensaje por Phoebe O. Hilton el Sáb Jun 08, 2013 7:46 pm

Todavía tenía frescas las memorias de mi niñez pero en especial esas eran especiales, seguramente porque aún era demasiado pequeña y tenía una mente volcada de cosas hermosas. Pocas veces había ido a Italia, solo durante los veranos cuando a mi mamá se le ocurría lanzarme a la casa de Dorian junto con su abuelo por la simple razón de que le parecía un estorbo que no la dejaba explotar todo su potencial en las fiestas a las que la invitaban continuamente. Estaba segura de que me gustaba la sensación de estar en un lugar en donde me recibían bien aunque se hablara ese mismo día para preguntar si me podía quedar por algún tiempo; Dorian nunca parecía excepcionalmente contento de verme a diferencia de mí que en verdad esperaba verlo a él pero siempre había estado muy en control de sus emociones y en el fondo sabía que le alegraba pasar un tiempo con alguien de su edad. Durante esos veranos en los que nadie me quería en casa había intentado aprender a cocinar algo típico de la región pero claro, cuando no tienes el don simplemente no lo tienes, por eso es que siempre trataba de persuadir a Dorian para que le dijera a su abuelo que nos leyera algún libro interesante. Me gustaba pensar que a los dos les gustaba hacer aquella actividad en especial porque era justo el momento del día cuando yo estaba más tranquila y no correteaba a los pájaros que se les ocurría tomar un descanso por ese lugar. En resumen, estaba emocionada por irme de viaje pero incluso la emoción se veía opacada por algo que, si, bueno era mi culpa pero de lo que tampoco tenía un control absoluto, me desesperaba pues me gustaba tener el control. ―Señorita todos quieren saber qué pasa con el príncipe Tristán ¿Por qué quiere salir justo en estos momentos? Ni siquiera ha dormido. ―había estado en vela toda la noche anterior esperando ilusamente que los periodistas se cansaran y yo pudiera salir a hospedarme tranquilamente en un hotel cerca del aeropuerto para facilitar mi llegada. Era más que obvio que eso no pasó―Quieren una nota, les voy a dar su nota, después no quiero demandas porque perdieron el trabajo al no llevar nada interesante a su editorial. ―indiqué que colocaran el equipaje en la camioneta negra mientras bajaba por las escaleras de la casa. Normalmente no tenía sentimientos de odio hacía los fotógrafos pero debía admitir que era cansado lidiar con ellos desde que era una simple célula ―No la van a dejar salir de la casa, no ahora que los dejo esperando toda la noche. ―le sonreí al al buen George, siempre se preocupaba pues al parecer no terminaba de entender que nada me impediría salir de esa casa. ―George…. ―lo abracé con cariño ―Es mi casa, yo salgo y entro de ella cuando me plazca, nadie me lo va a impedir y si es necesario hacer volar el auto pues lo haré volar ¡Vamos ya que es tarde! .”Y Dorian me va a matar”, mordí mi labio al escuchar el murmullo de las personas que rodeaban la casa, cuando tenía 10 años me espantaba pero ahora era prácticamente con algo con lo que ya se me haría raro vivir. Me sentí un poco más segura estando dentro de la camioneta pero en cuanto empezó a avanzar todo fue un caos, las rejas gracias al límite de una propiedad privada contuvieron a la gente que esperaba afuera pero después de cruzarla juré que ni siquiera saldría viva de ahí.

Media hora solo para llegar a la avenida principal y otra media hora para llegar y solo para encontrarme con un grupo ligeramente más pequeño de fotógrafos- ― ¿En serio quiere ir señorita? ¿Por qué no lo cancela?-mire el retrovisor notablemente ofendidas ―¿Qué?. ―subí el tono de voz sin querer hacerlo en verdad ― ¿Y dejar plantado a Dorian? Eso jamás, no podría hacerle eso, ya suficiente tengo con llegar rozando la hora y aparte necesito tiempo de calidad con él ―al parecer todo el revuelo había hecho que algunos elementos en la seguridad medio controlaran aquella violenta escena y que una especie de autoridad del mismo aeropuerto estuviera ocupado haciendo que mi equipaje saliera sano y salvo. ―Siempre antepons a los demás antes que a usted o su seguridad ―me puse los lentes de sol―El que por su gusto muere hasta la muerte le sabe ¿Eso dicen no? No me puedes culpar. ―me incliné para dar un beso en su mejilla y apretarlo tan fuerte como pude, siempre extrañaba a todos los que me hacían compañía y George no era la excepción. Abrí la puerta y los gritos me llenaron los oídos, solo una mano que me rodeo el brazo me hizo por un momento sentirme segura, los micrófonos estaban demasiado cerca de mi rostro, incluso una cámara amenazó con golpearme en el rostro pero gracias a los excelentes dotes histriónicos de las personas de seguridad se pudo evitar la sangre desparramada en el piso del aeropuerto. Era difícil moverme e incluso llegó un punto en donde no podíamos avanzar más allá ―No puedo llegar tarde, necesito ir por otro lugar que me ahorre minutos. ―le susurre a la persona que me acompañaba, esta asintió de inmediato y habló a través de su radio comunicador a alguien que no supe quién era pues una mujer me abordó con una pregunta. ― ¿De dónde conoces al príncipe Tristán? ¿Es cierto que están saliendo? ―me giré hacia esta y sonreí, debía por lo menos decir algo o seguramente todo estaría mucho peor después ―Su Alteza el príncipe se vio interesada en la fundación que tengo para animales de la calle, creyó que era una buena causa y decidió colaborar conmigo con una sesión de fotos, después de eso nos hemos vuelto amigos, si eso es salir con él entonces supongo que si estamos saliendo. ―me jalaron para seguir avanzando pero si había estado a salvo hasta ese tiempo el gusto me duró muy poco, el micrófono de alguien me dio contra el labio haciendo que este se abriera y por la herida comenzara a brotar una pequeña pero considerable cantidad de sangre. La lamí, sabía asqueroso ― ¿Pueden calmarse? Por favor, responderé una pregunta más. ―como buenos feligreses guardaron silencio y entonces mi atacante se dignó a hablar ― ¿Qué pasa con tu esposo? Hace mucho no los vemos juntos―¡Vaya pregunta! Ahora debía decir algo bueno de Christopher para que a ninguno nos fuera mal si es que íbamos a la corte por adulterio, yo ya sabía de sus escapadas con sus “amigas” y también sabía que lo hacía por despecho pero…¿Por qué debía de cubrirlo? Sonreí tan paciente como el dolor del labio me dejo ―Chris está muy ocupado ahora pero no se deben de preocupar por ninguno de los dos, después de este tiempo volveré a reunirme con él, tenemos muchos planes juntos.”Claro que no”, me reí por ese comentario, lo que yo deseaba era mi divorcio, tal vez era lo único que en verdad quería en ese punto de mi vida aunque me echara encima a mi madre y al abuelo―Gracias a todos por haber venido hasta aquí ¡Nos vemos! Adiós.

Una entrada de emergencia me libró de todos los paparazzis. Miré mi celular, estaba podría decirse, en el mundo de Dorian, que bastante muerta, no es que amara que lo dejarán esperando como tampoco le gustara que no le vieran a los ojos pero tenía razones y una justificación, por si fuera poco también tenía un labio roto. Aceleré el paso esperando encontrarme con Dorian y tal vez con Kimmy e Ian, con este último me sorprendía haber llegado a una amistad después de todos los “pleitos” que tuvimos y que ciertamente eran chistosos. Llegar al lugar y ver a Dorian me bajó la adrenalina del momento ―Gracias, en serio. ―miré a los hombres de seguridad antes de fijarme en una Kimberly siendo, literalmente, cargada como un costal no de papas si no tal vez de algo mucho peor por Ian. Levanté la mano para que me vieran pero fue imposible así que mi siguiente paso fue caminar hasta Dorian bastante apenada y abrazarlo ―Lo siento, lo siento en serio, en Roma puedes abandonarme a mi suerte si lo deseas ¿Ian podrías bajar a Kimberly?....Bueno mejor hay que esperar hasta que todos estemos sentados en nuestros asientos, hola Kimmy. ―miré de nuevo la hora, era momento de abordar, si no lo hacíamos en ese instante podría pasar una desgracia como que Kimberly huyera o que los fotógrafos encontrarán su camino de regreso a mí, esperaba que esto último no pasara, lo bueno de todo es que ya alguien se había hecho cargo de miequipaje ―Vamos por favor, creo que me sentiré mucho mejor estando adentro. ―avancé yo sola hacía la el caminito del avión no sin antes mostrar que todos mis papeles estaban en orden, tenía un olor neutro que me gustaba. Me giré antes de ocupar un asiento. ― ¿Alguien quiere cederme la ventanilla? ―no había podido sacar la cabeza durante el viaje en la camioneta y siempre me gustaba ver las nubes.

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Re: Ho perso la bellezza della Città Eterna (Phoebe Hilton, Ian Windsor, Kimberly Kennedy)

Mensaje por Dorian Ferri el Sáb Jun 29, 2013 8:21 pm

Si bien no era la primera vez que tres personas me avergonzaban de esa manera, no me sentía satisfecho por su inusual y escandaloso arribo hasta el aeropuerto. Siempre hacían lo mismo ¿Podrían ellos aprender a viajar con moderación? De todas las veces que había viajado con Phoebe, nunca terminaba por imaginar un peor escenario para dejar ver que no solo ella, ahora también Ian tenía moscas en la cabeza. Las personas observaban la escena atónitos, mientras yo trataba de no llamar su atención porque de haberme preguntado hubiera negado enseguida que se trataba de mis amigos. No, definitivamente no se asemejaba en nada al rodaje de una película, no había actores y las personas a nuestro alrededor no eran extras que daban la impresión de estar sorprendidos... seguramente serían extranjeros asombrados por la nada romántica escena. Me apoyé a la pared cuando vi a la pareja detenerse a unos cuantos metros frente al andar donde me encontraba. Reconocí a Kimberly que debía tener toda la sangre bajando por su cabeza, y al animal que la transportaba, por supuesto Ian tenía una forma nada cordial para llevar a la chica que le gustaba hasta su lugar dentro del avión con tal de que no escapara «¿Conoces alguna manera mejor para pedirle amigablemente que te acompañe? No, mejor cárgala, no puede negarse porque entonces tendría que caer en picada desde tu cabeza..» Realmente no quería ni averiguar a que se debía su entrada, porque con escuchar las respuestas de Kim me era más que suficiente. Clavé mi atención en mi pasaporte y todos los sellos que este mostraba, ahora de nuevo sería Italia.

Durante los minutos restantes las personas parecían haberse acostumbrado al alboroto de ambos. Saqué mi teléfono y comencé a buscar la aplicación de cámara para sacar unas fotografías, si las personas lo disfrutaban o no, yo solo esperaba por el momento en que la espalda de mi amigo quebrara para dejar caer a su acompañante, entonces Kim tendría una razón más para partirle la cara a Ian, y eso lo encontraba más divertido. Enfoqué la cámara en su dirección y les tomé unas cuantas fotografías, pero la luz de los aeropuertos jamás a sido de mi completo agrado, todo tan gris, tan cerrado, y por eso tuve que eliminarlas dejando una como recuerdo, unas simplemente parecían tomadas por un dipsómano y otras solo mostraban más a los extranjeros que a ellos mismos. También intenté llamar a la única que faltaba y como respuesta solo obtuve el tono en buzón de voz, y pude predecir el futuro cuando imaginé que Phoebe nos haría perder el vuelo ―¿Para qué tiene teléfono sino piensa contestarlo?― dirigí la mirada buscando a los otros dos y me acerqué hasta donde pude ubicarles, para ese momento ya se me había pasado el recato. Estaba al ochenta por ciento esperando que Phoebe apareciera para gritarle, si es que realmente aparecía y no salía con alguna de sus famosas excusas. Divisé el panel de vuelos, el de nosotros tenía como destino Roma, pero eso no llamó tanto mi atención como lo hizo cierto camarógrafo que pasaba a mi lado. Iba hablando por teléfono y casualmente su llamada me interesó, sobre todo porque se refería a cierto príncipe que no tenía el deseo de conocer y su amante, a la cual conocía bastante bien y últimamente no dejaba de atosigarme. Alcancé a ver a varias personas con aspecto de reporteros, entre ellos había uno justo en la entrada, en el área donde revisaban los pasaportes y otro pequeño grupo por la plataforma del equipaje. Si bien le hubiera explicado a Ian no podría haber hecho nada más que otro ridículo como el anterior, llamando la atención de todos para que a la reina le diera una posible crisis nerviosa, de la cual yo me iba a excusar en culpas, así que para evitar algunas notas sobre el segundo príncipe, su supuesta chica y su mejor amigo en un vuelo de vacaciones me hice otro largo camino hasta donde ellos.

Aparté los lentes que me cubrían el rostro al saludarles, aunque mi atención se fue por completo a quien debía causar mayor alboroto ―Esto se está llenando de periodistas ¿Por qué no la bajas?― le sonreí a Kimberly quien de hecho parecía salida de un parque de atracciones y entonces tomé al idiota más tachado por animal del cuello ―¿Aún no te cansas? Ya hay bastantes pruebas de tu estupidez, te aseguro que no quieres salir en primera plana. Oye Ian, tu madre no se sentirá feliz si le mando fotografías― refiriéndome al pequeño grupo que pasaba por nuestro lado con cámaras y micrófonos suponiendo que ya sabía a donde se dirigían.. tal vez la entrada. Aunque si fuera yo esperaría por la salida, pero se trataba de imbéciles sin ubicación y Phoebe misma se las arreglaría para llegar aunque nos hiciera perder el primer vuelo ―Lo siento Kim ¿Estás bien?― me disculpé y pregunté por cordialidad aunque la probabilidad que me respondiera que no era más alta que cualquier otra cosa ya que seguía estando a la altura de las gaviotas. Del porqué Ian no se atrevía a soltarla era tan claro como preguntar por cual salida del aeropuerto utilizaría ella como su escape, y era valiente, demasiado inocente, o al menos eso pensé mirándola con infame postura. Me detuve por un momento pero la tranquilidad no fue prolongada. En segundos la entrada estaba llena de periodistas y alcancé a ver el punto de su interés como la cabeza de mi mejor amiga ―¿Era necesario tanto periodista?― mascullé llevando los lentes de nuevo a su sitio. Esperándola o no, el ruido y el caminar de los otros dificultaban el de nosotros, fue entonces que sentí los brazos de alguien rodeándome el torso sin delicadeza, era como si se hubieran lanzado sobre mi cuerpo, pero reconocí los anillos de la persona que me apretaba en compañía de la disculpa. Giré sobre mi postura y le regalé una maldición como consecuencia ―Maldita sea ¿Sabes la hora que es?!― grité tomándola por los brazos ―Te recuerdo que este viaje fue idea tuya y se te ocurre llegar tarde... Voy a abandonarte bajando el primer avión― mi atención se pasó de ella a mostrarse con más interés al vuelo, me quedé en silencio mostrando mi rabia hacia los malditos reporteros que aún parecían gravemente curiosos, ya que aún debíamos pasar por la revisión.

Me encaminé hasta el personal, entregando mi pasaporte y respondiendo unas cuantas miradas de la chica del personal, bastante molesta, que no me dejaba continuar asegurando que yo no era italiano «Io sono italiano, lasciami passare» pronto nos vimos abordando el vuelo por el acceso antes de llegar a nuestros lugares, primero fue Phoebe, luego Kimberly, para seguridad de Ian quien iba detrás de ella y yo era el último en abordar. El orden de los lugares estaba hecho de dos personas en cada fila, una detrás de otra, recordaba que eran los asientos pegados a las ventanas en Bussines Class de Lufthansa, tenía pantallas, música y alimentos, pero francamente el provocarme tampoco debía costarles tanto ―Cállate, si te quejas voy a mandarte a dormir al baño― la ventanilla le había tocado a Ian quien estaba cerca de Kimberly, y la otra era para Phoebe por petición quien estaba a mi lado, yo detestaba sentarme a lado de Ian y no me veía cambiando el orden de los asientos, sobre todo porque no tenía intenciones de ser molestado por las próximas ocho horas. Me dirigí hacia la ventana, colocando la división y llamando la atención de la azafata para que nos trajera un botiquín y un poco de agua ―Tienes sangre en el labio Phoebe. Te heriste con algo― agregué con molestia al verla sangrar y manchar su blusa. 

Dorian Ferri
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Re: Ho perso la bellezza della Città Eterna (Phoebe Hilton, Ian Windsor, Kimberly Kennedy)

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