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¿Un poco de café? /Priv. Sahara D. Schäfer

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¿Un poco de café? /Priv. Sahara D. Schäfer

Mensaje por Invitado el Miér Feb 27, 2013 4:01 pm

Verano | 16:08 pm. | Centro Comercial - Comercio de vestuario | Privado: Sahara D. Schäfer

Su segundo día en el campamento, y este ya no lo aguantaba. No es porque fuere algo malo o aburrido, nada de eso. Es solo que no soportaba mas la idea de que sus padres lo estén llamando cada segundo de su vida para saber si se encontraba bien. Para empezar, era obvio que él estaría bien, no es que se fue a un lugar desconocido en el cual ande solo. Al contrario, andaba en un campamento mas bien conocido bajo la vigilancia de personas mayores y especialistas en eso. Suspiró frustrado, ya comenzaba a odiar el tono de llamada, y eso que estaba con el de su tema favorito. Pero bueno, hay que entender, era sólo el hecho de que su hijo preferido se encuentra lejos de él por primera vez. Fuera de eso, aún Marco no entiende como es que consiguió su permiso, pero bueno ahora se encontraba en el campamento "disfrutando" de unas vacaciones.- Ah.. Mejor apago esto. -Dijo por lo bajo, mientras apagaba su móvil y lo guardaba en su bolsillo. Sabía que esto haría que su padre se volviera aún mas loco, pero luego le diría que simplemente era la hora de la siesta y que no podía atender.

Ya siendo libre decidió conocer mas el campamento, pero al salir pudo ver que el cielo amenazaba con una lluvia. Qué mala suerte que tengo hoy... Buscó su paraguas y salió de su cabaña. Bien, alguna actividad al aire libre no iba a hacer, entonces ¿Qué le quedaba? Se dirigió a la cabaña de información para ver que era lo que le brindaban en el lugar en los días de lluvia. Las actividades en las cabañas eran tentadoras, pero nada lograba convencerlo, hasta que vio los horarios de los colectivos que iban al centro de la ciudad mas cercana del campamento.
No lo dudo ni por dos segundos, quería conocer el centro comercial del lugar.. Quería tomar su café favorito, ver ropa.



-Bienvenido, ¿Qué quisiera ordenar? -Escuchó luego de sentarse en una de las mesas vacías del lugar. La verdad que en ese momento se le apetecía tomar algo de café, era lo que siempre hacía al entrar a un centro comercial. La miró desde su lugar y le sonrió de lado, era obvio lo que iba a pedir, siempre lo hacía. -Bueno, quisiera... -observó el menú que se encontraba sobre la mesa, y se dispuse a buscar mi café favorito, pero no estaba. Suspiró un poco frustrado y levanté la vista hacia la chica. Hoy no era su día- Caffè decaffeinato -Le dijo con su acento italiano, no lo podía evitar. La muchacha le regaló una pequeña sonrisa tímida y desapareció en busca del pedido. Mientras esperaba, empezó a mirar a la gente pasar, algunos con su familia, otros solos, las mujeres llenas de bolsas de tienda de ropa conocidas... Ah, necesitaba en ese momento de frustración comprar algunas cosas para levantar un poco su ánimo.

Cuando supo terminar con su café, se dirigió a las tiendas de ropa. Entró a una que le llamó la atención la ropa de vidriera, en especial una chaqueta que al parecer estaba en oferta. Al entrar pudo ver que no había tanta gente, bueno algo positivo. Comenzó con su búsqueda mientras tarareaba una melodía, siempre lo hacía. Cuando la encontró, la tomó al mismo tiempo que lo hacía otra chica. Se quedó inmóvil por un momento. ¿Qué hacía ella comprando ropa de hombre? Por un momento pensó por luchar por la prenda pero cuando se fijó mejor en ella supo que no valía la pena empezar mal con ella. Una sonrisa salió de él, y sin dudarlo se presentó- Marco, Marco Cassamento.. -Extendió su otra mano libre, esperando a que la estreche- Veo que tu también la quieres.. ten. -Soltó la chaqueta.
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Re: ¿Un poco de café? /Priv. Sahara D. Schäfer

Mensaje por Invitado el Miér Feb 27, 2013 4:40 pm

Aún no lograba comprender completo cómo es que había llegado hasta ahí, la duda había nacido en ella desde el momento en el que la nueva decisión de su padre, le había sido transmitida. Los intentos por hacerle cambiar de opinión, fueron totalmente en vano, no importase lo muy insistente que fuera, contra la palabra de su progenitor, no había pero que valiese lo suficiente. Decía que el hecho de conocer nueva gente en un ambiente distinto, le vendría bien, un cambio de aires, por lo regular, es benéfico y aunque bien supiera que las intenciones del mayor eran buenas, no la terminaba de convencer, pero ahora, ya no habría nada más qué hacer, estaba ya en el lugar del que intentaba huir, ahora era inútil cualquier tipo de replica.

Suspiró resignada mientras se dejaba caer en la cama, sus largos cabellos fueron a dar a lo largo de la colcha que decoraba el mueble, quería hacer algo, pero no se decidía muy bien por qué. Recuperó su pasada postura y se sentó al pie de la cama, observó la cabaña vacía y fue en ése momento cuando comprendió, que continuar encerrada tras esas cuatro paredes, solo provocaría que fuese menos llevadero el tiempo que tendría que pasar aquí, además, ¿qué chica de su edad se mantiene quieta hoy en día? Se preparó para salir y en instantes, abandonó el lugar. El sol, estaba en lo alto, pero el viento, hacía gala de presencia igual. —Qué clima tan más loco…— Habló para si misma a medida que los pasos aumentaban hasta llegar a dónde pudiera ver las actividades para hoy, si bien, no le gustaba mucho el ser guiada por los demás, habría que acostumbrarse. Fue cuestión de segundos lo que tardó en llamar su atención la próxima salida programada hacía el centro comercial de la ciudad más cercana, la idea le agradaba, debía distraerse. Pidió los informes necesarios, se sentía algo a torpe a decir verdad, pero bien se dice que, es más sabio quién se atreve a preguntar. Poco, fue el tiempo que tardó la actividad en dar inicio, todos los que se habían apuntado ya para dicho encuentro, fueron subidos a un autobús, de aquellos que tan comunes son en las escuelas, de esos mismos. Entró al transporte con algo de inseguridad, buscó un asiento vació y puso su bolso a su costado, si bien, pudiera parecer algo grosera, no se sentía apta como para socializar…aún. Sacó su iPod, y el resto del camino, fue llevada de canción en canción, imaginando un sinfín de posibles escenarios para cada tonada, si algo había que le fascinaba, eso era, perderse entre las notas musicales que de un aparato tan pequeño, emanaban.

El centro comercial comenzó a divisarse, inclinó un poco su cabeza por la ventanilla sin abrir esta y sonrió. Cuando el autobús se detuvo, fue de las primeras que lo abandonó, entrando de lleno al establecimiento, dispuesta a olvidar, al menos por un momento, el hecho de que estuviera tan lejos de casa. Las tiendas capturaban su atención una tras otra, incluso, había una heladería que vendía su bebida favorita y en cuanto lo notó, camino hasta esta. —Buenas tardes, ¿qué desea ordenar?— Le preguntó la encargada. —Un smoothie de coco, por favor…— Contestó de manera calmada y amable mientras la cajera, se dedicaba a presionar un montón de teclas con una rapidez impresionante. —¿Algo más?— Continúo la chica. —No nada más..— Respondió y enseguida, pagó lo que fuera necesario, esperando unos cuantos minutos hasta que su orden, estuviera lista. Tomó el recipiente de plástico, un poco frío por su contenido, pero no lo suficiente como para incomodar y regresó a lo que vino, andar de una tienda a otra.

Se paseó por la ropa de chicas, sacando de esta, las prendas que llamaran su atención, probándose la mayoría y comprando simplemente la mitad de estas, no sabía si las fuera a ocupar durante su estadía en el lugar, pero ya habría ocasión para ello. Se encontraba tan concentrada ya en lo que venía cargando que fue a dar con alguien sin saber cómo o cuándo. —¡Lo siento¡— Solos alcanzó a disculparse, y cuando levantó la mirada, una tienda de ropa masculina se presentaba frente a ella. Inmediatamente, la imagen de su padre, se le vino a la mente. Ese mismo hombre que tanto la había defendido, quién tanto la había acostumbrado a él y ahora, el mismo que la había mandado tan lejos de casa. Se quedó seria por dos segundos y es que, por mucho que intentara evitarlo, los recuerdos de los fines de semana saliendo con él, habían vuelto. —Si no estuviera aquí…— Como una niña pequeña se sentía, ¿esto era normal? Tal vez venía siendo hora ya de que madurara, pero se negaba a ello. Resopló, elevando un mechón de cabello que descansaba en su frente y caminó decidida a la tienda. Aunque la hubiese mandado aquí, no podía estar enojada con él, y no podía evitar esta manía que desde hacía tiempo tenía, ella comprarle ropa a él, darle opiniones acerca de cuáles colores usar y cuáles no, algo tan arraigado, era difícil, casi imposible de olvidar.

Danzaba por entre la ropa, descartando una a una cada prenda que se cruzaba en su camino, hasta que una chaqueta atrajo su atención de una manera casi hipnótica. Fue hasta ésta y le tomó, sorprendida al instante en el que percibió un jaloneo, ¿era una especie de broma? Otro chico la estaba intentando tomar al mismo tiempo, y la extrañeza, invadió su rostro, cuando de él surgió una sonrisa y una presentación. La castaña respiró profundo y estrechó la mano del contrario. —Sahara…Destiny Schäfer Park— Largo, pero real, desde niña, decía su nombre completo sin pena alguna. —Mucho gusto— Continúo separando las manos de ambos y observando la prenda. Ahora que la observaba más de cerca, se daba cuenta de lo “juvenil” que era como para alguien como su padre. —La…quería…ya no— Le tendió hasta que el chico la tomó. —La persona para la que la quería es…de otro estilo— Comentó como si alguien le hubiese pedido explicación alguna. —Te quedará mejor a ti…— Hablaba muy segura de si misma. —Es mejor idea que tú la conserves…— Sugirió. Tampoco quería que él pensara que… —Claro, solo si quieres…no es que te esté obligando a comprarla— Rectificó cuando se dio cuenta de lo mandona que podía llegara sonar. —En fin— Suspiró. —Lamento las molestias— Y una mediana sonrisa inundó su rostro.
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